
La familia es el cimiento de la sociedad.
Toda sociedad debe de preocuparse por el bienestar espiritual y material de la familia.
El padre y la madre tienen la gracia del estado correspondiente a su misión y su lugar en la familia es insustituible.
En la familia, todos y cada uno, padres, hijos, abuelos tienen una misión que realizar.
Construir la propia familia en el amor, la unidad, el crecimiento espiritual, hará crecer la vida en la sociedad.
La familia como tal, reqiere de protección y apoyo, no solo de buena voluntad de todos, sino también de las estrucuras sociales y políticas.
La imagen del padre que da bienestar a la familia debe de añadir una preocupación por el crecimiento afectivo, psicológico y espiritual.
El lugar de la madre es ser mujer desarrollada como persona en su familia y en la sociedad, con función educativa y formativa y con capacidad de penetrar con sentimiento y comprensión.
La vida humana adquiere plenitud cuando se hace un don de sí; un don que se expresa en el matrimonio, en la virginidad consagrada, en la dedicación al prójimo.
Los padres por ello deben de alegrarse si ven en alguno de sus hijos los signos de la llamada de Dios a la más alta vocación de la virginidad o del celibato por amor al Reino de los cielos.
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